22 de agosto · Memoria · octava de la Asunción

Santa María Reina

La Madre del Señor, coronada en el cielo · Reina de los ángeles y de todos los santos

Sentido de la memoria

Ocho días después de la Solemnidad de la Asunción, la Iglesia celebra a la Virgen con el título de Reina. No se trata de una fiesta nueva ni desligada de la anterior: prolonga y explicita el sentido de aquella. Si en la Asunción se contempla a María entrando en la gloria del Padre en cuerpo y alma, en Santa María Reina se contempla el desenlace pleno de esa entrada: la Madre de Cristo, asociada de manera única a la obra de la Redención, comparte con su Hijo el señorío sobre todo lo creado.

Raíces bíblicas y patrísticas

El título de Reina hunde sus raíces en la Escritura. El Salmo cuarenta y cuatro habla proféticamente de una reina que está a la diestra del rey «con vestido bordado en oro» (Salmo 44, 10). El libro del Apocalipsis contempla a una mujer «vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas» (Apocalipsis 12, 1). La tradición cristiana ha visto en ambos textos figuras de María.

Los Padres de la Iglesia asumieron el título con naturalidad. Desde los siglos IV y V, san Efrén el Sirio, san Andrés de Creta, san Germán de Constantinopla y san Juan Damasceno la invocan como Reina en sus himnos y homilías. La liturgia bizantina la venera como Basílissa. En Occidente el título pasó a las grandes antífonas marianas: la Salve Regina, cantada desde el siglo XI, y el Regina caeli pascual, del siglo XII. La Letanía Lauretana, aprobada por Sixto V en 1587, la invoca como Reina de los ángeles, de los patriarcas, de los profetas, de los apóstoles, de los mártires y de todos los santos.

Institución de la fiesta

Aunque el título es antiquísimo, la memoria litúrgica universal es más reciente. El papa Pío XII, mediante la encíclica Ad Caeli Reginam del 11 de octubre de 1954, en el centenario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, instituyó una fiesta universal de Santa María Reina. La reforma del calendario romano de 1969 trasladó su celebración del 31 de mayo al 22 de agosto, precisamente en la octava de la Asunción, para expresar mejor la relación entre la asunción gloriosa de María y su coronación como Reina.

La memoria del 22 de agosto es así una invitación a levantar la mirada. La Iglesia, peregrina en el tiempo, contempla en María a la primera de sus miembros llegada a la meta, y la reconoce como aquella que, coronada en el cielo, no deja de interceder por sus hijos.

Fuentes de dominio público

  • The Catholic Encyclopedia. Nueva York: Robert Appleton Company, 1913. Dominio público.
  • La Santa Biblia. Versión Reina-Valera 1909. Dominio público.

Ficha redactada en prosa original a partir de hechos históricos verificados en fuentes de dominio público. CristoVideoHub no reproduce texto protegido por derechos vigentes.