17 de febrero · Memoria facultativa

Siete Santos Fundadores de la Orden de los Siervos de María

Vida

Siete ciudadanos florentinos —Bonfilio Monaldi, Buenhijo Manetti, Manetto dell'Antella, Amadeo degli Amidei, Uguccione degli Uguccioni, Sostene de' Sostegni y Alexis Falconieri— formaban en Florencia, hacia 1233, la Compañía de la Bienaventurada Virgen María. Eran hombres casados unos y solteros otros, dedicados al comercio y a las obras piadosas, alarmados por las guerras civiles entre güelfos y gibelinos que despedazaban a la ciudad. Reunidos en oración durante la fiesta de la Asunción de aquel año recibieron, según la tradición, una visión de María que los invitaba a dejarlo todo y consagrarse a servir a Dios en pobreza y contemplación.

Fundación en Monte Senario

En 1234, tras haber puesto en orden sus asuntos y proveído a sus familias, se retiraron primero a La Camarzia y después al Monte Senario, un altozano solitario a doce millas de Florencia. Allí edificaron una capilla y unas celdas y adoptaron por regla la de san Agustín, la disciplina más común entonces entre los ermitaños italianos. La devoción central de la nueva familia fue la contemplación de los Dolores de la Virgen al pie de la Cruz, de la que tomaron el hábito negro. Un segundo suceso mariano, hacia 1240, movió a los ermitaños a bajar al pueblo y a organizarse como orden religiosa aprobada por el obispo de Florencia: nacían así los Siervos de María, que difundieron por Toscana la predicación de la penitencia, el servicio a los enfermos y la devoción a los Dolores.

Culto y legado

La Orden se extendió pronto por Italia, Francia y Alemania y fue confirmada por Benedicto XI en 1304. De los siete fundadores, san Alexis Falconieri llegó a los ciento diez años y fue el único que vivió para verlo. La Iglesia los canonizó en un solo acto, León XIII, el 15 de enero de 1888, y fijó su memoria común el 17 de febrero. Sus reliquias descansan en la basílica del Monte Senario, aún hoy meta de peregrinaciones. Como signo de su carisma, la familia servita —religiosos, religiosas y laicos— sigue custodiando en el mundo entero la devoción a Nuestra Señora de los Dolores.

Fuentes

  • Catholic Encyclopedia (Robert Appleton, 1913). Dominio público.
  • La Santa Biblia. Versión Reina-Valera 1909. Dominio público.

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