Hablar con Dios

Hablar con Dios es rezar: dirigirse a Él con tus propias palabras. No hace falta saber oraciones, ni estar en una iglesia, ni encontrar el momento perfecto. Bastan cinco minutos, decir su nombre, contarle lo que llevas dentro y quedarte después un rato en silencio.

Si buscabas el libro: «Hablar con Dios» es también el título de las meditaciones de Francisco Fernández Carvajal. Eso es otra cosa y aquí no está. Esta página es para quien quiere empezar a hacerlo, no para quien busca el libro.

Cómo hacerlo, en cuatro pasos

Sirven igual si es la primera vez que lo intentas que si hace años que lo dejaste.

  1. Busca un momento y un sitioCinco minutos y un rincón donde nadie te hable. La misma hora cada día es lo que convierte un impulso en costumbre.
  2. Empieza diciendo su nombreEn voz alta o por dentro. «Dios mío», «Padre», «Señor». Nombrarle es lo que separa un pensamiento suelto de una conversación.
  3. Dile lo que llevas dentro, con tus palabrasLo que te pesa, lo que agradeces, lo que temes. Sin adornar y sin fingir que estás mejor de lo que estás.
  4. Quédate un momento en silencioUn minuto sin pedir nada. Aquí es donde la mayoría lo deja, y es justo la parte en la que se escucha.

Una oración para empezar hoy

Dios mío, aquí estoy. No sé hacerlo bien y no traigo palabras bonitas. Traigo lo que tengo: lo que me pesa, lo que agradezco y la gente que quiero. Quédate conmigo hoy. Amén.
Para rezarla en un minuto

Cuándo hablar con Dios

La tradición cristiana señala dos momentos, y no por casualidad: al levantarte, antes de que el día te coma, y antes de dormir, para dejar el día cerrado. Pero valen igual el trayecto al trabajo, la cola del supermercado o esa hora de la madrugada en la que no hay manera de volver a dormirse. Lo que hace la diferencia no es el reloj: es repetirlo.

Qué dice la Biblia

Cuando reces, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo secreto.Mateo 6, 6
No os inquietéis por nada; al contrario, presentad a Dios vuestras peticiones con oración y súplica, acompañadas de acción de gracias.Filipenses 4, 6
El Señor está cerca de los que tienen roto el corazón, salva a los espíritus hundidos.Salmo 34, 19

Preguntas frecuentes

¿Cómo hablar con Dios si no sé rezar?
No hace falta saber. Hablar con Dios es hablarle con tus palabras, como le hablarías a alguien que te quiere y tiene tiempo para ti. Basta con decir su nombre, contarle lo que llevas dentro y quedarte un momento en silencio. Las oraciones aprendidas ayudan cuando uno no encuentra palabras, pero no son un requisito.
¿Cuál es la mejor hora para hablar con Dios?
La que puedas sostener cada día. La tradición cristiana recomienda la mañana, nada más levantarse, y la noche, antes de dormir, porque son los dos momentos en que la cabeza está más despejada. Pero vale igual el trayecto al trabajo o la cola del supermercado: lo que cuenta es la costumbre, no el reloj.
¿Hace falta ir a una iglesia para hablar con Dios?
No. El Evangelio dice justo lo contrario: «entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo secreto» (Mateo 6, 6). La iglesia ayuda por el silencio y por la comunidad, pero no es una condición. Se puede hablar con Dios en casa, en la calle o en la cama sin poder dormir.
¿Y si Dios no me responde?
Es la pregunta más repetida y la más honrada. La respuesta de Dios no suele llegar como una voz, sino como una calma que antes no estaba, una idea que se aclara o unas ganas de perdonar que no tenías. Muchos santos escribieron sobre largos periodos de sequía en la oración. Que no sientas nada no significa que no esté pasando nada.
¿Se puede hablar con Dios sin palabras?
Sí. Estar callado delante de Dios, sabiendo que estás delante de Él, es una de las formas más antiguas de oración. También lo es encender una vela por alguien: es un modo de decir «me acuerdo de esta persona» sin tener que explicarlo.
¿Hay alguna web o aplicación para hablar con Dios?
Ninguna web habla en nombre de Dios ni te trae respuestas suyas, y desconfía de la que lo prometa. Lo que sí puede hacer un sitio como éste es darte el sitio y el momento: una oración cada mañana, el santo del día y una capilla donde encender una vela por quien tú quieras. La conversación la pones tú.

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