3 de septiembre · Memoria

San Gregorio Magno

Papa · Doctor de la Iglesia · «siervo de los siervos de Dios»

Vida

Gregorio nació hacia el año 540 en Roma, en una familia patricia adinerada y de arraigadas tradiciones cristianas. Entre sus antepasados figuraba el papa san Félix III. Su padre, Gordiano, era senador; su madre, santa Silvia, terminaría también sus días entregada a la vida religiosa. Educado en las escuelas de la Ciudad Eterna, recibió una formación esmerada en gramática, retórica y derecho. La carrera pública lo llevó pronto a la cumbre: hacia el año 573, con poco más de treinta años, fue nombrado prefecto de Roma, la máxima autoridad civil de la antigua capital del imperio.

Aquella dignidad no lo satisfizo. Tras la muerte de su padre, transformó el palacio familiar del monte Celio en el monasterio de San Andrés y fundó con la herencia otros seis conventos en Sicilia. Vestido con la túnica monástica se retiró él mismo a la vida contemplativa, y siempre recordaría aquellos años como los más felices de su existencia. La providencia, sin embargo, lo llamaba a otra tarea. El papa Pelagio II lo ordenó diácono y lo envió hacia el año 579 como apocrisario, es decir, como representante estable de la sede romana, ante la corte imperial de Constantinopla.

Elegido papa en tiempos de crisis

De regreso a Roma en 585, volvió a la vida monástica. Cuando en 590 la peste se llevó al papa Pelagio, el clero, el senado y el pueblo eligieron unánimemente a Gregorio como su sucesor. En un primer momento intentó eludir la carga; recibió, finalmente, la consagración episcopal el 3 de septiembre de aquel año. Su pontificado, de catorce años, transcurrió en un contexto durísimo: la Italia lombarda estaba desgarrada por las invasiones, la administración civil imperial se había hundido, las hambrunas y las pestes se sucedían y la Ciudad Eterna, despoblada, apenas era sombra de sí misma.

Gregorio asumió tareas de todo orden. Negoció paces con los duques lombardos, organizó el suministro de trigo desde Sicilia para socorrer a los romanos, reformó la administración de los bienes eclesiásticos y sostuvo a diócesis debilitadas en toda Italia. Envió al monje Agustín, prior de San Andrés, junto con cuarenta compañeros, en misión a Inglaterra (596): así comenzó la evangelización de los anglosajones, que daría un vuelco cultural a Europa. Al canto litúrgico romano quedó vinculado su nombre —el canto llamado gregoriano— y a su época se remonta la reforma del canon y del sacramentario que llevaría el título de Sacramentarium Gregorianum.

Doctor y siervo

La obra escrita de Gregorio es igualmente vasta y de altísimo influjo. La Regula Pastoralis, dirigida a los pastores de la Iglesia, se convirtió en manual obligado del oficio episcopal en toda la Edad Media latina. Los Diálogos difundieron las vidas de los santos italianos, entre ellos san Benito. Las Moralia in Job son una lectura moral y espiritual del libro de Job. Se conservan más de ochocientas cincuenta cartas de su correspondencia, que retratan la administración cotidiana de la Iglesia occidental.

Murió en Roma el 12 de marzo de 604. Fue reconocido como uno de los cuatro grandes doctores latinos originales, junto con Ambrosio, Jerónimo y Agustín. La tradición le dio en vida el título de «Magno». Él prefirió firmar sus cartas con la expresión Servus Servorum Dei, «siervo de los siervos de Dios», que desde entonces han usado los papas. La liturgia romana trasladó su memoria del 12 de marzo al 3 de septiembre, día de su ordenación episcopal, para no coincidir con la Cuaresma.

Fuentes de dominio público

  • The Catholic Encyclopedia. Nueva York: Robert Appleton Company, 1913. Dominio público.
  • La Santa Biblia. Versión Reina-Valera 1909. Dominio público.

Ficha redactada en prosa original a partir de hechos históricos verificados en fuentes de dominio público. CristoVideoHub no reproduce texto protegido por derechos vigentes.