2 de noviembre · Conmemoración
Conmemoración de los Fieles Difuntos
La Iglesia peregrina reza por sus hermanos que aguardan la plena purificación
La memoria de los que se fueron
El día siguiente a la solemnidad de Todos los Santos, la Iglesia contempla en oración a todos los fieles difuntos. Es un día particularmente hondo del año cristiano: no una fiesta gozosa, sino una conmemoración humilde y confiada, en la que la comunidad presente sobre la tierra sostiene con su súplica a los hermanos que ya han cruzado el umbral y aguardan la plena purificación antes de la contemplación definitiva de Dios.
Fundamento bíblico y patrístico
La costumbre de rezar por los muertos hunde sus raíces en el propio Antiguo Testamento. El segundo libro de los Macabeos narra cómo Judas Macabeo, después de una batalla, ordenó ofrecer sacrificios de expiación por los soldados caídos: «pensamiento santo y piadoso» que muestra la firme esperanza en la resurrección (2 Macabeos 12, 42-46). Del lado neotestamentario, San Pablo evoca en la primera carta a los Corintios el fuego que examinará la obra de cada uno y que «si permaneciere», recibirá recompensa; «si su obra fuere quemada, sufrirá pérdida, pero él será salvo, aunque así como por fuego» (1 Corintios 3, 15). Los Padres de la Iglesia —Tertuliano, Cipriano, Agustín en el Enchiridion, san Gregorio Magno— desarrollaron a partir de estas raíces la doctrina y la práctica de la oración por los difuntos.
Nacimiento y desarrollo litúrgico
La celebración específica del 2 de noviembre nació en Francia hacia el año 998, por iniciativa de san Odilón, abad de Cluny. Aquel gran benedictino ordenó que en todos los monasterios de la congregación cluniacense se conmemorasen solemnemente los fieles difuntos el día siguiente a la fiesta de Todos los Santos. La costumbre se extendió con rapidez por toda la Europa cristiana en los siglos XI y XII, y a finales del siglo XIV Roma la había hecho suya. El 10 de agosto de 1915, en plena Primera Guerra Mundial, el papa Benedicto XV concedió a todos los sacerdotes de la Iglesia latina el privilegio de celebrar tres misas el 2 de noviembre, hasta entonces exclusivo de las diócesis españolas y portuguesas, para responder al enorme número de familias enlutadas por la contienda.
Culto y práctica
La liturgia romana no cuenta este día como fiesta ni como memoria, sino como una gran Conmemoración universal. La piedad popular ha unido a ella la visita a los cementerios, adornados con flores y velas encendidas, y la oración serena por los seres queridos. Del 1 al 8 de noviembre, la Iglesia concede la posibilidad de aplicar la indulgencia plenaria en favor de las almas del purgatorio a quienes visitan un cementerio y oran por los difuntos, bajo las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por las intenciones del Papa. Es una jornada especialmente elocuente en las culturas hispanohablantes, donde la familia se reúne junto a las tumbas para expresar, con la ternura del recuerdo, la fe en la resurrección de la carne.
Fuentes de dominio público
- The Catholic Encyclopedia. Nueva York: Robert Appleton Company, 1913. Dominio público.
- La Santa Biblia. Versión Reina-Valera 1909. Dominio público.
Ficha redactada en prosa original a partir de hechos históricos verificados en fuentes de dominio público. CristoVideoHub no reproduce texto protegido por derechos vigentes.