Su nombre no es un nombre: es una pregunta. En hebreo, Mi-ka-El quiere decir «¿Quién como Dios?». Y esa pregunta, según la tradición, fue el grito con el que se enfrentó a quien quiso ponerse por encima de Dios.
Conviene decirlo de entrada: no es un santo que vivió y murió. Es un arcángel. Por eso esta ficha no tiene fecha de nacimiento, ni pueblo, ni tumba.
Dónde aparece en la Biblia
Sale en tres sitios, y en los tres hace lo mismo: defender.
En el libro de Daniel se le llama «Miguel, tu príncipe», y aparece defendiendo a Israel en tiempos de tribulación (10,13; 10,21; 12,1).
En la carta de Judas hay una escena que sorprende: discute con el diablo por el cuerpo de Moisés y no se atreve a maldecirlo. Solo dice: «El Señor te reprenda» (1,9). Ni siquiera él insulta al enemigo.
Y en el Apocalipsis está la escena que todo el mundo tiene en la cabeza: «Miguel y sus ángeles lucharon contra el Dragón… y fue arrojado el Dragón, la Serpiente antigua» (12,7-9).
Cómo reconocerlo en una imagen
Casi siempre igual: armadura de general romano, lanza o espada apuntando hacia abajo, y a sus pies un demonio o un dragón vencido.
Pero hay otra versión, menos conocida y más seria: Miguel con una balanza, pesando las almas en el Juicio Final. Ahí no es el guerrero. Es el que mide. Por eso mucha gente lo invoca en la hora de la muerte.
México: el pocito de San Miguel del Milagro
En México la devoción tiene un centro propio, y no es una catedral: es un manantial.
Se cuenta que en 1631, en Natívitas (Tlaxcala), el arcángel se apareció a un indígena tlaxcalteca llamado Diego Lázaro, de San Bernabé Capula, y que en el lugar de las apariciones brotó un manantial de agua curativa.
Allí está hoy el santuario de San Miguel del Milagro, y la gente sigue bajando al «pocito» a llenar su botella. Esa es la forma mexicana de esta devoción: no se mira la imagen, se se lleva uno el agua a casa.
Los santuarios que le levantaron
El Monte Gargano, en Italia, donde se sitúa la aparición más antigua —se data en el año 493— y de donde viene la otra fiesta suya, la del 8 de mayo.
El Mont-Saint-Michel francés, fundado en 708 tras las apariciones a san Auberto, hoy uno de los lugares más visitados de Europa.
Y el Castel Sant'Angelo de Roma, que se llama así, «castillo del ángel», precisamente por él.
De qué es patrono
De los policías, los soldados, los estudiantes y los paracaidistas. También de Lucerna, de las Azores y, en su día, del Sacro Imperio Romano.
Y de tantos pueblos y ciudades de España e Hispanoamérica que «San Miguel» acabó siendo uno de los nombres más repetidos del mapa.
La oración que se rezaba al final de cada misa
El 13 de octubre de 1884, el papa León XIII escribió una oración a San Miguel y mandó que se rezara al terminar cada misa. Pide que arroje al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos.
Dejó de rezarse de forma obligatoria después del Concilio Vaticano II, pero mucha gente la sigue rezando por su cuenta, y en muchas parroquias se ha recuperado.
Otros santos de este día
San Gabriel y San Rafael, arcángeles, con quienes comparte la fiesta.
Nota honesta, y hacen falta tres. Una: desde 1970 el 29 de septiembre es la fiesta conjunta de los tres arcángeles —Miguel, Gabriel y Rafael—, no de él solo; esta ficha existe aparte porque es así como lo busca y lo reza la gente, sobre todo en México. Dos: las apariciones del Gargano, del Mont-Saint-Michel y de Tlaxcala son tradición, no hechos documentados. Tres: sobre Diego Lázaro conviene ser claro: la propia enciclopedia de la que se han tomado estos datos dice que «la falta de documentos precisos en cuanto a la existencia de este personaje lo convierten en una especie de leyenda». Se cuenta aquí porque la devoción es real y muy viva, no porque el relato esté probado.
Fuentes consultadas Miguel (arcángel) · Wikipedia, Diego Lázaro · Wikipedia · Licencias libres (CC BY-SA).